Ubicada en uno de los enclaves más emblemáticos del Camino del Norte hacia Santiago y en la localidad de Markina-Xemein, la Ermita de Arretxinaga recibe cada año a miles de peregrinos y visitantes que encuentran en este mágico lugar una pausa en el camino. Un espacio donde la monumentalidad de las tres grandes rocas, el silencio y la arquitectura invitan a detenerse, contemplar y conectar con algo que trasciende lo cotidiano y la escala humana.
La instalación permanente de luz y sonido nace con el propósito de intensificar esa experiencia sin alterar la esencia del lugar. Desde una intervención mínima y respetuosa, la luz revela la fuerza y la textura de las piedras mientras el paisaje sonoro envuelve el espacio como una presencia sutil y a la vez intensa, generando una atmósfera que favorece la contemplación y la escucha profunda.
Lejos de buscar el espectáculo, hemos diseñado una experiencia artística sensible donde la tecnología desaparece para dejar todo el protagonismo a la ermita y a su extraordinario patrimonio natural. La obra no pretende explicar el lugar, sino crear las condiciones para que cada visitante viva una experiencia íntima y personal, un instante de conexión con la materia, con el universo, con el paso del tiempo, con la dimensión trascendental del espacio y, en definitiva, consigo mismo.
- Instalación artística
- Luz y Sonido
- Patrimonio cultural