La puesta en valor de la Ermita de Arretxinaga desde el arte, la investigación y la tecnología.
En proyectos relacionados con la puesta en valor del patrimonio nos encontramos en ocasiones en la situación en la que la primera decisión no es elegir una tecnología sino decidir cuánto estamos dispuestos a renunciar a ella. Hay espacios con tanta energía y sensibilidad que actuar sobre ella conlleva una responsabilidad a la hora de mantener su propia identidad y respetar su simbolismo.
Cuando el Ayuntamiento de Markina-Xemein nos propuso desarrollar una intervención para poner en valor la Ermita de Arretxinaga, comprendimos enseguida que el verdadero reto no era diseñar una experiencia para el visitante. Entrar en la Ermita de Arretxinaga ya constituye una experiencia en sí misma. Basta con cruzar el umbral de su puerta para entenderlo. La arquitectura desaparece durante unos segundos y toda la atención se concentra en tres enormes masas de roca que ocupan de forma inexplicable el centro de la ermita. No son un elemento decorativo integrado en la arquitectura. La arquitectura existe porque esas rocas estaban allí mucho antes.

Vista interior de la Ermita de Arretxinaga.
Hace más de cuarenta millones de años, un proceso hidrotermal dio forma a estas formaciones geológicas. Mucho antes de que existiera la primera ermita y la consagración religiosa del lugar, antes del Camino de Santiago, antes incluso de cualquier memoria humana, este lugar ya era un accidente extraordinario del paisaje. Con el tiempo fue refugio, espacio simbólico, lugar de culto, y finalmente, la ermita que hoy forma parte del patrimonio más querido de Markina-Xemein.
Ante un lugar así, la pregunta que nos hicimos fue ¿cómo intervenir artísticamente el lugar sin romper el equilibrio que el propio lugar ha construido durante millones de años?.
Comprender antes de diseñar
En ElektrART entendemos que la investigación no es una fase previa al proyecto sino el comienzo necesario del mismo.
Antes de imaginar una sola escena de luz o de escribir una línea del guion audiovisual, necesitábamos comprender por qué Arretxinaga sigue provocando una sensación tan difícil de explicar a quienes la visitan.
Comenzamos ese trabajo reconstruyendo la evolución geológica, histórica y cultural del lugar. No buscábamos acumular información para trasladarla después a un panel interpretativo. Buscábamos entender cómo se había construido la identidad de este espacio a lo largo del tiempo y qué relación habían mantenido con él quienes lo habían habitado, recorrido o protegido durante siglos. Una investigación que terminó condicionando todas las decisiones posteriores en el proceso audiovisual y que nos ayudó a entender vacíos en el tiempo que hasta el momento resultaban desconocidos. Este proceso de semanas de trabajo en colaboración con Raquel Cilla, historiadora especialista en patrimonio religioso y Directora del Museo de Arte Sacro de Bilbao, nos permitió ser rigurosos en una parte fundamental del trabajo relacionado con la recreación audiovisual asociado a la evolución del lugar.

Fotograma del audiovisual que recrea la primera Ermita de Arretxinaga, documentada en los registros consultados.
Cuando la tecnología deja de ser protagonista
Existe una cierta tendencia a identificar innovación con espectacularidad, otorgando a la tecnología gran parte del protagonismo. Pantallas cada vez más grandes. Proyecciones inmersivas. Efectos capaces de captar la atención desde el primer segundo y rápidamente instagrameables. Pero en el contexto de la Ermita de Arretxinaga esto no tiene sentido. Aquí, la fuerza del lugar hace innecesario cualquier gesto que compita con él, y por esa razón decidimos trabajar desde la contención y el respeto.

Secciones interiores sobre el 3D de la Ermita de Arretxinaga tras su digitalización exterior e interior.
La primera vez que entras en la Ermita de Arretxinaga te das cuenta de que el lugar trasciende el tiempo y la escala humana. Una sensación de descentramiento que te conecta con la energía de las propias rocas, con su naturaleza primitiva, y de forma inconsciente con el propio universo y nosotros mismos. Por eso nuestra propuesta creativa se basó principalmente en potenciar una conexión que ya estaba allí antes de llegar nosotros, y que sin ser intrusiva, debería permitir a cada visitante amplificarla de forma consciente. Sin espectáculo, sin el poder cegador de la tecnología.
Dos maneras distintas de descubrir el mismo lugar
El proyecto se materializa en dos intervenciones complementarias.La primera propone comprender y la segunda invita simplemente a permanecer.
El audiovisual, accesible mediante un código QR, acompaña al visitante en un recorrido por la historia de Arretxinaga desde una perspectiva poco habitual. Una viajera en el tiempo guía ese relato atravesando millones de años, desde la formación de las rocas hasta la actualidad, mostrando cómo naturaleza, geología, cultura y espiritualidad han ido superponiéndose sobre un mismo lugar. Un audiovisual ficcionado interpretado por la actriz lekeitiarra Eneritz Artetxe que no pretende sustituir la visita sino que pretende completar el conocimiento y acercarnos a la magia del lugar.

Momento de rodaje en el interior del Museo Etnográfico de Artziniega.
La instalación artística permanente de luz y sonido responde a una lógica completamente distinta. No explica, ni interpreta, ni dramatiza. Su función no consiste en añadir una historia nueva al espacio, sino en favorecer una relación más sensible con él.

Escena de iluminación artística de la Ermita de Arretxinaga.
Diseñar para que la tecnología desaparezca
Toda la intervención se construye a partir de la convicción de que la instalación permanente es una capa temporal que aparece y desaparece a voluntad del visitante, respetando la esencia del lugar y minimizando su impacto en el patrimonio. La luz no dibuja sobre la piedra ni esta se convierte en escenario.
La luz, utilizada como medio de expresión artística, modifica sutilmente la percepción de sus volúmenes, de sus texturas y de la profundidad que existe entre ellas. Hay momentos en los que la materia parece ganar ligereza. Otros en los que las sombras adquieren más importancia que la propia iluminación. La mirada cambia sin que el espacio deje de ser él mismo.

Detalle de texturas en las rocas a través de la iluminación artística.
El paisaje sonoro actúa del mismo modo. No dirige la atención ni marca un comienzo ni un desenlace. Aparece lentamente, casi como si perteneciera al lugar desde siempre, y lo hacemos perceptible a través de su propia activación. Cuando finaliza, sabemos que sigue ahí, en el silencio del propio tiempo. El paisaje sonoro evoca procesos geológicos, la presencia de la naturaleza y la vida, el paso del tiempo, la propia identidad, y una dimensión temporal que supera la experiencia humana, sin intentar describirla de forma literal.

Detalle de texturas en las rocas a través de la iluminación artística.
Lo que aprendimos en Arretxinaga
Hace unos días presentamos el proyecto artístico y audiovisual junto al Ayuntamiento de Markina-Xemein en una inauguración sencilla y cercana, acompañados por vecinos y vecinas que sienten la ermita como parte de su propia historia. Al terminar, muchas conversaciones no giraban alrededor de la tecnología sino de las propias rocas, del silencio, del tiempo, de la sensación de estar en un lugar difícil de comparar con cualquier otro.

Nuestra forma de entender la puesta en valor del patrimonio
Cada espacio plantea siempre preguntas distintas y por eso desconfiamos de las soluciones que suelen repetirse de un proyecto a otro.
Creemos que cada intervención debe nacer de la escucha, de la investigación y del respeto por aquello que hace único a cada lugar. La tecnología, la luz, el sonido, el arte digital o el audiovisual son herramientas extraordinarias cuando ayudan a construir esa relación pero dejan de serlo cuando reclaman toda la atención para sí mismas.
En ElektrART no buscamos que el visitante recuerde nuestras instalaciones sino que conecte con el lugar y lo recuerde para siempre. Para nosotros, poner en valor el patrimonio consiste en ayudar a que las personas establezcan una relación más profunda con él.
Al salir de la Ermita de Arretxinaga, levantamos siempre la vista una última vez antes de cruzar la puerta, o decidimos permanecer unos minutos más en silencio al desaparecer la luz y el paisaje sonoro. Después de meses de trabajo en Arretxinaga sentimos que esas rocas ya no son únicamente un elemento geológico o arquitectónico, sino que son parte de una historia que también nos pertenece.